Peña Taurina Tendido 10

domingo, 12 de febrero de 2012

Joselito el Gallo (VII) Suspiro limeño (2ª parte)


Joselito el Gallo (VII) Suspiro limeño (2ª parte)
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Joselito descansando en su casa de Lima. Vestido también de gentlemen (para no ser menos que Belmonte)
Álbum gráfico del toreo de Joselito en Lima
Las imágenes de Joselito toreando en Lima, a fuer de escasas, no han tenido demasiada difusión. Por ello me ha parecido interesante insertar una recopilación de todas las que he podido localizar.
Se trata de un Joselito en su madurez pero que se enfrenta a un público nuevo para él. Público que, además, ha conocido antes a Juan Belmonte. Torear en Lima supuso para José un nuevo reto en su exitosa carrera. Reto que, como en el venía siendo habitual, superó con matrícula de honor. Y eso que el ganado no estuvo a la altura de los deseado. De hecho, no se pudieron programar más corridas por falta de reses adecuadas.
Sin embargo, el público limeño de entonces (en actitud que le honra) supo valorar al torero con independencia de las reses lidiadas. O, mejor dicho, en función de las reses lidiadas.


En cualquier caso y a la vista de las fotografías Joselito destaca, como siempre, por la variedad de su repertorio y por su apostura en la cara del toro ante el que nunca se descomponía.
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Óleo de Ruano Llopis que se encuentra en el Museo Taurino de la plaza de Acho. Joselito preparado para el paseíllo, detrás se distingue claramente a Blanquet.
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Una verónica de José con la mano de salida alta (como se estilaba entonces) pero cargando mucho la suerte y con el compás bastante abierto. Mandando en la embestida con el cuerpo en giro de cintura. Hoy se torea con el compás más cerrado.
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El remate de capote a una mano. La figura del torero (muy erguido) denota mucha tranquilidad. Sin embargo, José no pierde de vista la cara del toro.
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El farol en el remate de un quite. Variedad del toreo de capa. En este caso, más quiebro que lance, el torero ha esquivado una embestida incierta.
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Magnífico par de banderillas. Joselito (gran banderillero) clava reuniendo las manos y con el pitón derecho del toro apuntando los muslos del torero.
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Inicio de faena de muleta. Joselito da un sensacional pase por alto de rodillas. La belleza del toreo por alto, poco reconocido y valorado hoy día.
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Ahormando la cabeza del toro en un magnífico pase de muleta marca de la casa. El kikiriquí. Con esta foto se desvela la respuesta correcta del test gallista nº 2 que se planteó en una anterior entrada de esta serie. El kikiriquí es un ayudado por alto donde las dos manos (la de la muleta y la del estoque) van juntas en el pase, pero con los codos muy altos y separados del cuerpo.
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El toreo al natural. La muleta va muy alta y horizontal pero el torero está muy cruzado, mandando mucho en la embestida del toro. Un pase por arriba (que no por alto) sorprendentemente de mucho castigo, que rompe al toro 
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José se adorna en el remate de un pase de muleta, cogiendo el pitón del toro. El adorno intercalado durante la faena de muleta aparece aquí como muestra de conocimiento y dominio pero no sustituye al toreo fundamental.
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Esta es la fotografía más conocida de José en Lima pues se incluyó en el tomo III del Cossío. Monumento del toreo al natural. José torea muy erguida la planta y muy metido en los terrenos del toro que (se trata casi con total seguridad de Rico-rico, berrendo en negro de la ganadería del Olivar, lidiado el 4 de enero) se destronca en el intento de seguir la muleta. Destaca el inmenso poderío del torero. Sobre esta faena, la crítica reconocía que “José sentó cátedra de torero artístico, inmenso e inimitable” Los naturales se calificaron como “lo mejor de lo mejor”. El Tío Cencerro escribió (en “La Prensa”) estos versos : “Esto ya es piramidal/¡Descubrirse los toreros!/¡Señores!!Echad sombreros!/¡Cachimbos!¡La marcha real!”.
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Otro pase por alto. Esta vez se trata de un pase de pecho. Un verdadero pase de pecho pues el pitón pasa delante del pecho del torero. De un torero, José, muy erguido que resopla ante la poca fijeza de la embestida de un toro que se desentiende de la muleta y le busca como el que se deja algo atrás. Por cierto, un toro muy astifino y bien puesto de pitones.
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La faena está finalizada. El toro se acobarda y se entrega. Joselito se arrodilla en la cara ante los mismos pitones de la res.
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Joselito se desplanta de espaldas al toro. Fotografía de la portada del número 1.195 de la revista Sol y Sombra (marzo de 1920).
El triunfo.  (Esta fotografía – que está en el Museo de la Plaza de Toros de Acho, nos la facilita el gran aficionado limeño Pocho Paccini Bustos, cuyo interesante blog El desjarrete de Acho, recomiendo). Apoteosis en la vuelta al ruedo con el ganadero del Olivar don Celso Vázquez. Era la última corrida oficial de José en Lima (8 de febrero) que toreó ese día en solitario. Sin embargo, todavía actuaría un día más  y a beneficio de la Aviación peruana con toros de una ganadería mexicana. Fue el día 12, víspera de su regreso a España. José alternó con Flores y Cachucha matando cada uno un toro.
 
Traje de luces que Joselito llevaba ese día de su última corrida en Lima (Esta traje también se encuentra en el Museo Taurino de la Plaza limeña y también nos la facilita Jorge)
El Regreso. Ya puestos ¿porqué no torear en Montevideo?
Joselito emprendió el regreso el día 13 de febrero, en dirección a Valparaíso, desde donde cruzó los Andes en tren, llegando a Buenos Aires el 23. Allí permaneció varios días y después marchó a Montevideo.
Ferrocarril Trasnadino 02
Joselito cruzó los Andes en el ferrocarril trasandino que le llevó de Chile a la ciudad de Mendoza en Argentina. La línea se había inaugurado en 1910 y se electrificó el año 27.
En Montevideo tuvo lugar una de las anécdotas más curiosas de la aventura americana de Gallito.
José había declinado la invitación a comer que le hicieron los miembros del Club Guerrita de esta ciudad (en su lugar envió a su cuadrilla) por tener un compromiso previo. Sin embargo, durante el almuerzo los socios del club organizaron sobre la marcha una fiesta en una placita a las afueras de la ciudad. Fiesta a la que invitaron a Joselito, el cual aceptó asistir sin necesidad de que nadie le insistiera mucho.
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Vista de la placita de Montevideo, donde los socios del Club Guerrita celebraron la improvisada fiesta a la que asistió Gallito, el día de la actuación de este torero.
Además de José torearon un aficionado práctico de Montevideo (Un “sportman” dicen algunas biografías llamado –según Gori Muñoz- J. A. Magariños) al que José dio la “alternativa” y el novillero Gabriel Hernández “Posadero” amigo de Joselito.
1916-08-14 (p. La Lidia)Gabriel Hernandez (Posadero)
Este es Gabriel Hernández “Posadero” quien alternó con José en Montevideo (Fotografía publicada en la Lidia el 14 de agosto de 1916) y quien en Lima había actuado como banderillero profesión que haría suya poco tiempo después enrolado en la cuadrilla de Gaona.
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Esta foto de Joselito toreando en Montevideo la publicó la revista argentina “Caras y Caretas” en junio de 1920 con motivo de la muerte de Gallito. José viste camisa blanca y tirantes pues venía de un almuerzo con sus amigos Florentino Sotomayor y Rafael Linaje y no tenía previsión alguna de torear en ese día. Sin embargo, no dudó en aceptar la invitación que le hicieron los socios del Club Guerrita.
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La revista Sol y Sombra en su número 1.198 del 15 de marzo de 1920, se hizo eco inmediatamente del histórico festejo celebrado en Montevideo transcribiendo la noticia publicada en el diario “El País” de Uruguay Joselito desafiaba la prohibición que sobre el toreo pesaba en aquel país.
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Barco en el Puerto de Montevideo en las primeras décadas del siglo XX. Desde aquí partió Gallito para España.
Llegada a España
1920-03-19 Llegada a Cadiz Joselito en cubierta
1920-03-19 Llegada a cadiz
1920-03-19 llegada a Cadiz Muchedumbre
1920-03-19 Llegada a Cadiz paridarios y amigos
Secuencia de la llegada. (1) José en la borda sonriente ante el gentío que le esperaba. (2) La comitiva de recepción encabezada por el crítico Don Pío desciende la escalerilla del Infanta Isabel. (3) La muchedumbre que le esperaba en el muelle gaditano. (4) Fueron a recibirle numerosos amigos, aficionados, compañeros y periodistas como Menchero, Ucelayeta, Urquijo, Pineda, Belluga, Soto, Jacobo Megías, Don Pío, Don Justo, Don Criterio, Ignacio Sánchez Megías, Paco Madrid y Manolo Martín Vázquez, entre otros. Con algunos de ellos se fotografiaba un emocionado Joselito.
Balance de un viaje y reflexión final
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Joselito con Alfredo Lama, uno de los buenos amigos que hizo en Perú.
Para Joselito el viaje a Lima toda una aventura, supuso un paréntesis en su situación personal muy compleja desde la muerte de su madre y la negativa del padre de su querida Guadalupe, a lo que habría que añadir las duras críticas de Gregorio Corrochano, el periodista de mayor prestigio entonces, desde su tribuna en ABC.
Las imágenes de Joselito en Lima y durante todo el viaje, lo muestran –sin embargo- siempre sonriente y atento a lo que le rodea. Es un José que parece despreocuparse de sus problemas  como si estos se hubiesen quedado en España. Problemas que volvería a encontrar a su vuelta y que intentaría resolver el torero por todos los medios, aunque sin conseguirlo.
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Un sonriente Joselito el día de su primer paseíllo en Lima. (Detalle de la foto que publicábamos en la anterior entrada).
Pero no sólo en lo personal, sino también en lo profesional, el viaje a Lima tuvo una significación especial para Joselito. Y es que José llegó a aquellas tierras después de Juan Belmonte. Después de que en ellas hubiese triunfado el toreo de Juan Belmonte.
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Belmonte en Lima, en un pase por alto. Aunque la estética del pase de pecho de Juan sea muy distinta al de Joselito (ver foto del pase de pecho de José insertada más arriba), la técnica es la misma.  
Para Joselito, conceptuado como el último torero del “antiguo régimen”, el reto limeño (y a él le atraían sobremanera los retos) le fascinaba. Joselito llegó a Lima empeñado en demostrar su superioridad como torero, sin importarle la actitud preconcebida de parte del público ni la mala calidad del ganado a lidiar.
En su fuero interno José estaba dispuesto a triunfar a costa de lo que fuese y lo consiguió. Tanto que los limeños se hacían la boca agua pensando en una posible próxima temporada con José y Juan encabezando los carteles de la, ya entonces, centenaria Plaza de Acho. Algo que las trágicas circunstancias posteriores impedirían.
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Joselito en Lima. Pendiente de la lidia de su toro y dispuesto a triunfar
Para nosotros queda (pasado el tiempo) otra posible lectura de lo acaecido y un motivo de reflexión.  ¿Cómo se explica cabalmente el triunfo de José en Lima si, como se nos ha repetido hasta la saciedad, su toreo estaba ya caduco frente al nuevo modo impuesto por Juan Belmonte, ídolo –además- de los limeños, quienes lo vieron torear antes que a José?
¿No será que el concepto torero de Joselito no era –en el fondo- tan “antiguo” como siempre se nos ha pretendido hacer pensar?
Interesante cuestión en cuya solución puede que se encuentren algunas de las claves -no resueltas- del toreo actual. El hilo del toreo, que diría Pepe Alameda. Tendremos pues que volver –más adelante- sobre el interrogante planteado.
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Joselitochauffeur” en Valencia. Curiosa imagen para tratarse de un personaje de mentalidad tan antigua, según han dicho los historiadores del toreo.

Joselito el Gallo (VI) Suspiro limeño (1ª parte)


Joselito el Gallo (VI) Suspiro limeño (1ª parte)
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Una imagen mítica. Joselito, de luto tras la muerte de su madre, en la puerta de cuadrillas de la Maestranza antes del paseíllo en una corrida de la feria de abril de Sevilla del año 1920.
Perú es el país de los sueños y la poesía. Quizás, por eso un postre tradicional de aquí se llama el suspiro limeño y un sueño que duró un suspiro fue el periplo que, por estas tierras, hizo Joselito el Gallo el invierno del año 1919 para el 20.
El caso es que Joselito tenía comprometido con la empresa de la Plaza de Toros de Acho venir a Lima un año antes.
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La empresa de Lima viajó a Sevilla para contratar a Joselito quien debía haber toreado en esa tierra a finales del 18 y principios del 19.
Sin embargó, el fallecimiento de su madre, Gabriela Ortega, a finales de enero de 1919, le obligó posponer el viaje aunque con el compromiso con la empresa limeña para viajar a ese país al año siguiente.
Joselito con su madre y hermanos-as
Joselito enviaba a su madre, por la que sentía adoración, a tomar todos los años aguas en distintos balnearios. Al volver de uno de ellos (Suazo) la señora Gabriela se encontró indispuesta y enfermó. José no se separaría de su cama en los dos meses que duró la enfermedad de su madre.
La situación personal y profesional de Joselito ese año fue muy complicada. A la muerte de su madre se unió la inquina que, durante toda la temporada tuvo que soportar por parte del cronista del diario ABC, Gregorio Corrochano (a quien en este caso me permito suprimirle el don puesto que sin justificación alguna se dedicó a zaherir al diestro cuando años anteriores había sido ferviente defensor del torero).
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La prensa gallista (concretamente el The Kon Leche) denunció la postura durante ese año de Corrochano quien tan afecto había sido antes a Joselito. Éste pensaba en su fuero interno y así lo comentó a algunos amigos que Ignacio Sanchez Megías era quien azuzaba (consciente o inconscientemente) al crítico de ABC, pues Ignacio llegó a filtrar algunos comentarios privados de José que el cronista aprovechó para utilizarlos en contra del torero.
Además Joselito estaba fervorosamente enamorado de Guadalupe de Pablo Romero. Diferencias de casta y clase (José no sólo era torero sino también gitano) se oponían al amor que Joselito sentía por esta dama de la clase alta sevillana. Algo que hoy nos parece absurdo pero que respondía a los arcaicos esquemas mentales de la alta burguesía sevillana de entonces. 
El padre de la dama, y pese a su supuesta amistad con el torero, no consentía en estas relaciones y sólo permitía la boda si Joselito abandonaba su profesión.
Una exigencia excesiva para alguien como José que solo vivía por y para el toreo. El amor de Joselito por su profesión era tan exagerado que más que afición habría que hablar (en frase feliz de Fernando Cámara) de adicción.
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Joselito entre Felipe de Pablo-Romero y Llorente, el padre de Guadalupe y Felipe de Pablo-Romero y Artoloitia, hijo del anterior. Quienes pudieron llegar a ser -y no fueron- suegro y cuñado de José, respectivamente. También aparece en la foto (a la izquierda) Juan Belmonte a quien Joselito hizo partícipe de sus confidencias amorosas. (Fotografía de Tierras Taurinas. Opus 6. En esta revista se dice que la foto está tomada en 1917 en una tienta en la finca Partido de Resina donde aún hoy pastan las reses de esta ganadería. Sin embargo, Parrita dice -en su libro- que la foto está tomada en una tienta en la finca del ganadero Medina-Garvey).

Durante todo el año 19, todas estas circunstancias pesarían como una losa sobre las espaldas de Joselito quien sin embargo tuvo una de sus mejores temporadas como torero.
Joselito hubiera viajado a Lima ese año en cualquier caso (pues su profesionalidad rayaba en lo excesivo) pero en la situación anímica en la que se encontraba, el compromiso que había adquirido un año antes con la empresa limeña le vino al torero como anillo al dedo.
El Viaje a Lima
Hoy nos quejamos cuando un vuelo atlántico dura 12 horas. Una minucia –sin embargo- comparada con las condiciones en las que entonces se desarrollaba este tipo de viajes. Cruzar el charco era toda una aventura. Por eso, no tiene nada de extraño que se formará una extensa comitiva para despedir a José en su viaje a Lima.
Primero, en Sevilla, donde le despidieron militares, ganaderos y amigos. Luego en Madrid, con una nutrida representación de aficionados, algunos de los cuales le acompañarían hasta Gijón donde José embarcaría en el Infanta Isabel.
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El Infanta Isabel en el que Joselito viajó a América
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Joselito durante la travesía y con el primer oficial del buque
En el viaje le acompañaron sus picadores Camero y Farnesio, sus primos el Almendro y el Cuco y su buen amigo el torero Isidoro Martí Flores con el que alternaría en Lima.
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Joselito con Isidoro Martí Flores y los miembros de su cuadrilla
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Gallito con su amigo el torero Isidoro Martí Flores y (volviéndose hacia el fotógrafo) su primo el Cuco.
El viaje duró la friolera de 5 semanas, pues el barco llegó con retraso a Cuba por lo que perdió el enlace previsto para cruzar el canal de Panamá, lo que José aprovechó para darse un garbeo por la Habana.
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Curiosa postal de “la Havana”
Luís Casas “El Brujo Bohemio” le entrevista en la Habana
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Joselito con Luís Casas quien le entrevistaría en la Habana.
En La Habana, a Joselito le entrevistó Luís Casas conocido como el Brujo Bohemio. José le dijo al periodista varias cosas no por sabidas menos interesantes.
Primero, que el valor es imprescindible para un torero (“con miedo no se podría torear”). Segundo, que la suerte en la que se encuentra más a gusto es en la muleta (En lo que coincide con el juicio que le hizo Guerrita). Tercero, que su cualidad más destacable como torero, es la de conocer los toros en cuanto salen del toril (“me precio de esto mucho”). Yo añadiría, con Corrochano, que los conocía antes de salir. Y cuarto, que puede asegurar que Belmonte y él son lo que se llama buenos amigos.
El ambiente a su llegada al Callao
Una vez cruzado el canal transbordaron a un vapor peruano (El Uyacati ó Uvacati) que les llevó ya directamente al Puerto del Callao donde llegó el día 13 de diciembre y donde le esperaba una ingente multitud en numerosos barquitos.
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El desembarco
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En el muelle pisando ya tierra peruana. Joselito con atuendo torero (torero aquí y en Lima)
Y de ahí le llevaron a la casa que le habían preparado en la plaza de la Inquisición.
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En su casa de Lima con sus amigos. Joselito descansa del viaje.
En Lima se le esperaba con verdadera expectación pues su fama de gran torero le precedía.
Lo curioso es que algunos belmontistas españoles pretendieron indisponer a los aficionados limeños enviando cartas donde decían que quien llegaba era un torerito tramposo que iba a robar el dinero de los peruanos.
Se quería aprovechar que, en Lima, se respiraba ambiente belmontista pues no en balde Juan se había casado con una señorita de la jet-set limeña, lo que suponía un hándicap para José como líder del partido contrario.
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La noticia de la boda de Belmonte en la prensa española de la época. En realidad, Juan (un “gentleman” según la prensa) se casó por poderes.
Más divertida aún fue la copla que se hizo circular los días antes de la llegada de José a Lima y que -a la vista del precedente de Juan Belmonte- avisaban al torero del verdadero peligro que le acechaba y que no eran los toros, según decía la letra, sino los ojos de las limeñas.

Los ojos de las limeñas

hacen pecar a un bendito

a Belmonte lo casaron

¡Ten cuidado, Joselito!

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Juan Belmonte con Julía Cossío. A Juan, según la copla, lo casaron los profundos y risueños ojos de esta limeña.
Joselito torea (y triunfa, pese a todo) en la plaza de Acho.
El que caso es que, con todo lo anterior, Joselito se presentó en Lima con cierto ambiente a la contra. No tanto como deseaban los partidarios españoles de Belmonte ya que, en realidad, pesaba más la expectación por ver al que todos consideraban un gran torero, pero sí el suficiente para crear ese clima de pasión que a veces necesita la fiesta.
La temporada limeña de José se resume en el siguiente cuadro incluido en el libro Joselito, el rey de los toreros del gran escritor taurino y biógrafo de José, Paco Aguado.
Joselito toreó las siguientes corridas en Lima:
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El primer paseíllo de Joselito en Lima. José con Curro Martín Vázquez e Isidoro Flores. Ese cartel se repitió el día 4 de enero. Sin embargo, la circunstancia de hacer el paseíllo desmonterados la mayoría de los toreros participantes indica que la foto recoge probablemente la primera actuación de la troupe taurina española en ese año y, por tanto, el primer paseíllo de Joselito en Lima (el día 14 de diciembre al siguiente de su llegada al puerto del Callao).
En la primera tarde, José no estuvo bien pues la corrida se celebró al día siguiente de su llegada con el lógico cansancio por el viaje y aunque pidió un aplazamiento no se lo concedieron.
Pero la clave del mal resultado del festejo estuvo en el pésimo comportamiento de las reses que pertenecían a la ganadería criolla de la Rinconada de Mala.
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Más que el cansancio (José toreó al siguiente día de llegar de viaje) la clave del mal resultado del primer festejo fue el ganado de la Rinconada de Mala de Don Jesús Asín, como señala en su crónica el corresponsal de la revista Sol y Sombra en Lima, “Matraca”.
La siguiente corrida se dio –como es habitual allí- una semana después. Esta costumbre me parece mucho más racional que el atracón de corridas seguidas de las grandes ferias españolas y me recuerda al estilo del antiguo y tradicional abono madrileño. Magnífico sistema hoy día lamentablemente perdido. ¡Lástima!
En esa ocasión y aunque los toros no pasaron de regulares, Joselito apretó el acelerador y las cañas se tornaron lanzas. El triunfo de José fue esa tarde incontestable. Los limeños pudieron comprobar la calidad y categoría del torero. El público de Lima se entregó a José incondicionalmente.
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En la segunda corrida, Joselito triunfó y convenció a los limeños. Los cencerros que allí es costumbre (costumbre que aún continúa hoy día) hacer sonar en son de protesta, los arrojaron al ruedo como tributo al torero de Gelves, según nos cuenta el Heraldo de Madrid.
Lo mejor es que el tiempo entre corrida y corrida permitía al torero relajarse y hacer vida social. Joselito aprovechó al máximo esta circunstancia y llegó a hacer muy buenos amigos en Lima.
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Joselito de paseo por Lima con los hermanos Botto. Los empresarios de la plaza limeña.
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Joselito en el “camal” de Lima con un nutrido grupo de aficionados peruanos.
Esos descansos le permitían también dedicar tiempo al deporte y mantenerse en forma preparándose para las siguientes actuaciones.
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Una foto muy conocida. Joselito en bicicleta en la plaza de toros de Lima. Iconoclasta.
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En cambio esta foto es mucho menos conocida. Joselito aparece en un descanso de un partido de pelota en la misma plaza. Joselito pelotari decía el pie de foto original. Está acompañado –entre otros- de Manolete padre (que es quien sostiene el balón) y que toreó junto a Joselito en una de las tardes de la temporada limeña aunque con regular fortuna. Los toreros están sentados sobre el poyete de la plaza antigua. Ese poyete se suprimió en la remodelación de 1944. Precisamente, sentado en este poyete Joselito dio dos magníficos pases ayudados a un toro del Olivar, en la corrida del día 4 de enero.
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Así era la antigua plaza de toros de Lima. Aquella en la que toreó Joselito. En la foto se aprecia muy bien el curioso poyete adosada al murete sobre el que se sitúa la balconada para los espectadores de primera fila (todos con el inefable canotier) debajo de la cual se localizaban unos curiosos cuartos para los más privilegiados (con algunos de los cuales conversa el torero que está en primer término. Seguramente, analizando los azares de la lidia). La plaza tenía todas las localidades cubiertas al estilo de la plaza de Ronda. Bueno, todas no. En el tejado se han ubicado numerosos espectadores. Esta peculiar idiosincrasia se perdió en la reforma de 1944 cuando la plaza original se sustituyó por otra más convencional, aunque también con mucho encanto.
En las siguientes corridas, José mantuvo el nivel alcanzado siquiera no siempre le fuese posible lograr el máximo lucimiento por mor del ganado. Especialmente pésimos fueron los toros mexicanos (del Marqués de Saltillo, según el crítico de Sol y Sombra) lidiados en la sexta actuación de José en aquellas tierras (el día 19 de enero).
El escándalo por el escaso trapío y mal comportamiento del ganado mexicano fue de tal calibre que sólo la ocurrencia de José, destinando sus honorarios (o  la recaudación, según otras fuentes) a fines benéficos, pudo evitar males mayores.
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Pero la corrida de los toros mexicanos fue una excepción y en el resto de tardes Joselito siguió triunfando y gozando del beneplácito del público limeño. La apoteosis llegó la última tarde en la corrida que (como era costumbre en Lima) se dio en su beneficio y que José toreó (como también era costumbre en él) en solitario.
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Dos de los toros de la Ganadería del Olivar lidiados por Joselito en su última corrida en Lima (8 de febrero) que estoqueó en solitario como en él era habitual (aunque el sobrero esta vez lo cedió al torero local Cachucha). La ganadería del Olivar, de procedencia veragüeña y cuyo propietario era Don Celso Vázquez, fue junto a la Rinconada de Mala, una de las primeras ganaderías peruanas. Eran toros escurridos de carnes y bien puestos de pitones. Genéticamente poco refinados (como señala Paco Aguado). La costumbre antigua de disecar la cabeza de los toros cortando el cuello, algo a lo que no estamos acostumbrados, puede distorsionar nuestra percepción del real trapío de los astados. Los nombres de los dos toros que aparecen en las fotografías de arriba son –respectivamente- Primogénito y Maravilla. Este último (precisamente el último lidiado por José en Perú) rebautizado en claro homenaje al diestro de Gelves a quien se conocía popularmente como “Joselito Maravilla”.
La corrida de despedida fue triunfal y el público llegó al delirio. Como resumen, baste señalar que un cronista local dijo que Joselito lo había hecho todo “y todo magníficamente hecho”. Señalaba no obstante un lacónico reparo, que era –en realidad- elogio: “Solo le faltó hacer de picador y de toro”.
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Los trajes de José y Juan juntos en el Museo Taurino de la plaza de Acho.
(Continuará…)

jueves, 9 de febrero de 2012

Las Distancias: Chenel

FUENTE: http://eltoroporloscuernos.blogspot.com/2012/01/las-distancias-chenel.html

'Desde poco después del comienzo, aunque ya antes apuntaba, decidí que mi toreo no sólo daría al toro la máxima importancia sino que enseñaría a quienes lo viesen que quien ahí tiene la máxima importancia es el toro. Él es quien manda lo que en cada momento hay que hacer para mandarle. De una forma o de otra, con total lucimiento o con esforzada y a veces poco visible brega. El toro es quien dice siempre cómo hay que torearle, la clave está en entenderlo. Y puesto que me fijé no ya como objetivo sino como destino y obsesión enseñar al toro…, presentarle, mostrarle, revelarle, y descubrirle al aficionado y al espectador ese maravilloso animal salvaje con la que vamos a intentar hacer arte mientras le domamos…; estaba claro que la distancia sería el elemento y concepto clave de mi toreo.


Distancia para dejar ver al toro, distancia para dejar venir al toro, distancia para traerse toreado al toro hasta el mismo epicentro del toreo que es el lance. Distancia para que el toro vea y observe, distancia para que el toro estudie y fije objetivos, distancia para que el toro pueda lucir su bravura, distancia para que dé tiempo a analizar su casta, distancia para paladear el regusto de la nobleza del toro o la dificultad de su mansedumbre. Distancia para sentir el peligro durante más segundos de pura adrenalina y distancia para que dure hasta la eternidad el sentir el embrujo del toreo.

 Todo cuando hice estuvo en todo momento presidido, herrado por la distancia. El andar por la plaza, la colocación, la elección de los terrenos, el toreo… Dejar venir al toro de largo siempre, desde los lances de recibo a los lances para situar al toro en el tercio de varas, desde la preparación y organización del tercio de banderillas a la misma ubicación del toro para iniciar la faena de muleta… Dando distancia siempre para dejar ver al toro y para traérselo toreado desde la distancia, tanto con capote como con muleta, tanto a la verónica como al natural, tanto en la media verónica como en el trincherazo. Siempre la distancia y las distancias. Y la distancia y las distancias siempre para el toro y su bravo, encastado y noble galope. Recuerdo que me decían “maestro, dándole tanta distancia el toro viene corriendo que se las pela y se le puede llevar por delante, que usté no está para correr”, y yo respondía “si yo no tengo que correr, el que tiene que correr es el toro y yo tengo que quedarme quieto”.

La distancia, piedra angular del toreo puro y eterno. Del toreo puro y eterno que creó y recreó Antoñete, y del toreo puro y eterno que refundió de raíz aquel fenómeno social y espiritual llamado Juan Belmonte que Chenel convirtió en su divisa y que dijo: “yo entraba en el ruedo como un matemático que va a la pizarra para probar un teorema. En aquellos tiempos el arte de torear estaba regido por el pintoresco axioma de "Lagartijo", que decía 'tú te pones allí, y o te quitas tú o te quita el toro'. Yo estaba allí para demostrar que esto no era tan cierto como se creía. Mi teoría era que el toro no te quita, que no te quitas tú ni te quita el toro si sabes cómo torear”. Palabra de Belmonte y, años después, sentencia de Antoñete: “yo he sido un torero toda mi vida de torear bien o si no de lidiar y matar. No puedo mentirme ni traicionarme, no puedo pegar espaldinas y cosas de esas…, yo sólo toreo”.


Extracto del libro 
Javier Manzano, Ed. Reino de Cordelia

miércoles, 8 de febrero de 2012

EL HOMBRE Y LOS ANIMALES

Fuente: El Comercio
Tomás Unger

El Hombre y los Animales
VIOLENCIA. El autor asegura tener una opinión ligeramente surrealista en el debate sobre la conveniencia de limitar la edad de ingreso para presenciar las corridas de toros. Esto nos lleva a preguntarnos cuál es la relación entre el hombre y los animales
Esta no es una página de espectáculos, deportes, ni arte, menos aun de tauromaquia. Menciono estos rubros porque las corridas de toros podrían, de alguna manera, caer en alguno de los tres primeros y, en este Diario, ya tienen su propia página. Hecha esta aclaración, me permito tocar el tema de las corridas de toros, porque, en mi opinión, toca tangencialmente un tema de mucho mayor importancia: la relación del hombre con los animales.
EL DEBATE
Se trata de limitar la edad de acceso a las corridas de toros  por la violencia del espectáculo. Para quienes tenemos un televisor en casa o acceso a Internet que los chicos manejan mejor que sus padres el argumento parece surrealista: la violencia y crueldad son omnipresente y de libre acceso. Personalmente, encuentro el box más violento y cruel, sin un ápice de estética o arte, pero es una cuestión de gustos.
Como dato pertinente, una reciente investigación ha demostrado el alto riesgo de muerte temprana o invalidez por lesión encefalocraneana en boxeadores, jugadores de futbol americano y de hockey sobre hielo; pero ese no es mi argumento. No pretendo que se suspenda o limite el acceso a ningún deporte. Solo quiero poner en evidencia la arbitrariedad de las diversas actitudes hacia la violencia y crueldad.
HOMBRE Y ANIMAL
En la corrida de toros se trata de la crueldad del hombre con un animal. Como hemos visto, el espectáculo de la crueldad del hombre con el hombre no tiene aparentemente trascendencia, pues es de libre acceso a cualquier de edad. Ahora veamos la relación del hombre con otros animales.
Nuestra existencia, al menos en los países más desarrollados, está ligada al consumo de miles de millones de animales (cifras de 9 ceros). Solo en pollos cada año se consumen más de 20.000 millones de animales.
El ganado consumido se cuenta en cientos de millones de cabezas al año. La cría de animales para consumo humano es una de las mayores industrias, que ha alcanzado la mayor eficiencia en convertir alimentos, en su mayoría de origen vegetal, en carne. La manera más eficiente de hacerlo supone ignorar totalmente los instintos y naturaleza del animal y mantenerlo vivo hasta que alcance las características más adecuadas para convertirlo en alimento más rentable.
Las condiciones en las que se logra esto van de lo sórdido a lo macabro: patos clavados al piso alimentados por bombeo para hincharles el hígado. Gallinas que no caminan, reses que no pastan, chanchos colgados vivos para desangrar, etc. Es parte de nuestra cultura, como lo son las manifestaciones para que no se usen animales en experimentos biológicos y médicos. Sospecho que cualquier res de hacienda se cambiaria gustosa por un toro de lidia.
LA TECNOLOGÍA
La vida de un animal industrial, ya sea ave, cerdo, bovino, etc., es artificial desde la inseminación que la inicia hasta los diversos métodos de terminarla. Durante el tiempo que demora el animal en alcanzar su peso optimo, cualquier actividad física resulta en un gasto no rentable (energía consumida) por lo que es evitada.
Una gallina ponedora no tiene para qué caminar, ni una res de carne moverse. Su vida es metabolizar alimento hasta el punto en que alcanza su peso optimo. En la mayoría de los animales para consumo este se alcanza dentro del primer 25% de su expectativa de vida.
Los miles de millones de animales que criamos para alimento han sido degradados a una existencia miserable. No, no sabemos lo que piensan, si piensan, o lo que sienten. No nos interesa.
Cuando se trata de comer o ganar dinero, cazamos ballenas con arpones explosivos, colgamos animales vivos para que se desangren y vendemos pate de foie. Son realidades de la vida sobre las que preferimos no hablar y que no van a cambiar.
LA OTRA TECNOLOGÍA
Al otro lado están los animales silvestres. Aquí es otra tecnología la que los agrede. Talamos bosques, construimos represas y gasoductos, echamos sustancias toxicas al agua y alteramos los ecosistemas. Hoy se cuentan por cientos las especies amenazadas y a diario mueren miles de animales en encuentros con nuestra tecnología. Desde pájaros que chocan con edificios, de animales atropellados o electrocutados hasta los envenenados en lagos, ríos y playas.
Sé que muchos tratan de hacer algo al respecto. La conciencia nos remuerde y las señoras, al menos algunas, han dejado de usar pieles. Tenemos excelentes zoológicos y los chinos están gastando millones para salvar al panda, condenado a la extinción por razones evolutivas. Hay preocupación por la conservación de la naturaleza y mucha gente muy bien intencionada lucha por hacer algopero un número mucho mayor se preocupa más por hacer dinero. A juzgar por los informes de las diversas sociedades involucradas en la conservación de la biodiversidad, los defensores van perdiendo.
¿Y LOS TOROS?
Me pregunto qué efecto puede tener sobre nuestra relación con los animales, el prohibir el ingreso de menores a los toros, o para el caso prohibir el uso de animales de laboratorio. Porque no prohibir la venta de hamburguesas (si realmente las hacen de carne de res), reduciendo el número de reses sacrificadas. Independientemente del debate sobre si las corridas de toros son un espectáculo que vale la pena conservar, el pretender que defendemos a los animales me parece una total e indignante hipocresía.
En cuanto a la violencia, solo pido que vean cinco minutos de avisos de cualquier canal de cable que anuncia sus estrenos. Hace unos días conté más de 20 muertos (hombres, mujeres y niños) en cinco minutos. Dos acuchillados, uno quemado, otros por explosión y el resto a balazos. No he oído ningún debate sobre una revisión de los programas de TV con miras a impedir que los niños vean violencia.
Enfrentemos los hechos: hacemos lo que da dinero y la violencia en los espectáculos ha demostrado ser altamente rentable.
Personalmente, encuentro una corrida de toros mucho menos violenta o cruel que cualquier película de Tarantino y la mayoría de las de Scorsese.

jueves, 26 de enero de 2012

CARTA DEL MATADOR FERNANDO ROCA REY


Señores
Ganaderos, Matadores, Novilleros, Becerristas, Aficionados Prácticos, Periodistas Taurinos, Aficionados al Arte de los Toros en general:
Es para mí una obligación el escribir este comunicado, en el cual quiero expresar mi gran preocupación ante la posibilidad de ser sometidos por los anti taurinos. Este último mes he leído y escuchado la situación por la que nuestra fiesta nacional viene pasando, y como se pretende poner en vigencia una ley que atentaría directamente contra el buen desempeño de la tauromaquia en nuestro país.
Por más que nos cuesta pensarlo y aceptarlo, no estamos tan lejos de sufrir lo que está ocurriendo en Ecuador, Colombia y en un mediano plazo lo que ocurrió en Barcelona,  y lo que es peor aún, creemos estar seguros que por más que no hagamos nada al respecto, esta situación sería pasajera y que nuestra fiesta y arte seguiría existiendo para siempre. No quiero ser radical, pero es absurdo pensar que así será, estamos enfrentándonos a una masa enardecida, con resentimientos, cuestionamientos y con razonamientos válidos para su posición. No hablamos de los anti taurinos que se paran en la entrada de sol, con camisetas negras y que insultan sin parar; estamos hablando de gente preparada y muy hábil, que manejan presupuestos altísimos bancados por ONG conocidas del mundo y que aspiran lograr su cometido, cueste lo que cueste.
Me considero un profesional que vive con el toro, para el toro y por el toro, y me negué a aceptar situaciones, basándome en argumentos famosos como “En el Perú se dan 500 corridas al año, poco probable que caiga la fiesta” o “Es imposible que parte de nuestra tradición sea afectada por los anti taurinos”, y veo que cada día es menos valida mi posición. Hay que darnos cuenta que somos partidarios de un arte que verdaderamente es impactante ante los ojos de los foráneos a la fiesta, que pueda causar repulsión, creando un sentimiento anti taurino, nuestra propia jerga es agresiva, palabras como “Humillar”, “Castigo en Varas”, “Toro Bizco”, “Fiesta brava”, “Matador de Toros” crean confusión entre las masas, no estoy diciendo que tengamos que cambiar nuestra forma de hablar, solo que tengamos claro que estamos propensos a ser juzgados y atacados por entes ajenos a nuestra pasión.
Es necesario que aborde un tema, sensible para todos los que estamos enamorados de la tauromaquia, al ser un arte y el arte despertar pasiones, estas mismas generan conflictos o malos entendidos entre muchos toreros, ganaderos, peñas, aficionados y periodistas, por ello es común escuchar sobre desacuerdos en nuestro medio como me ha pasado a mí y a muchos en algunas oportunidades, y para dejar las cosas claras no estamos nada unidos y esa es nuestra principal debilidad ante los anti taurinos (“Desune y vencerás”, Sun Tzu) , pero creo que esta es una situación única en la que todos sin excepción debemos trabajar unidos en comunidad para aguantar las agresiones de los antis y contra atacar, ya no estamos en la posición de defender la fiesta, de ahora en adelante debemos atacar inteligentemente ante cualquier invasor que tengamos, que quiera perjudicarnos directamente.
Hay una esperanza que nos tranquiliza un poco, y es la presencia cada día más fuerte y consolidada de las provincias taurinas (siempre en mayor número de espectáculos formales). Todos estamos de acuerdo que Acho es nuestra catedral y la que ha fraguado un ejemplo a todo el Perú taurino, dando seriedad y responsabilidad, pero debemos entender que también taurinamente hablando y en proporciones el Perú no es Lima. Igual muchos participes de nuestra fiesta siguen menospreciando la participación de las plazas del interior del país, y forjando un pensamiento de inferioridad a lo que no sea Lima (Acho), les restan importancia a sus ferias, aficionados, a los toreros que triunfan en ellas y a los ganaderos que lidian con gran éxito en las mismas, y no se dan cuenta que es ahí donde se están proyectando las futuras generaciones de taurinos peruanos que sostendrán la fiesta desde sus ciudades, es ahí donde los niños aún juegan al toro y quieren ser toreros cuando crezcan (y muchos de ellos están en el camino),  es la provincia peruana un gran aliado para demostrar que si somos un país con más del 70% de taurinos, contradiciendo las famosas encuestas de las universidades de la capital, hay que dejar de mirar al mar y enseñarles a los políticos y anti taurinos que su guerra es más grande de los que pensaban y que sus metas más lejos de lo planeado. En otras palabras “Integración Social” en el ámbito taurino. En mi opinión, el primer paso a dar es mostrarle a los políticos que es verdaderamente el “Perú Taurino”, que sepan todos como se vive el arte de los toros en nuestro país, de norte a sur, de este a oeste.
No quiero causar molestias ni malos entendidos con estas declaraciones, solo impulsar a la gran masa que verdaderamente somos, sumando a TODO el PERU para contrarrestar el golpe que nos piensan dar los antis este Marzo y responder con más corridas y cada día llegar a consolidar esta potencia que realmente somos.
Todos los taurinos somos uno, y una nuestra fiesta…defendámosla.
Atentamente,
Fernando Roca Rey Valdez
Matador de Toros

sábado, 21 de enero de 2012

FANDIÑO




Compuesto por un torero que se levanta a entrenar a las cinco de la mañana, que es cuando otros se van a la cama; que no reconoce otra filiciación que no sea el fandiñismo; capaz de recelar, sin miedo, públicamente del jédiez; con la personalidad suficiente para no dar coba ni al aficionado, tan dado a mentar la bicha del miura y esperar a que le regalen los oídos; un matador de toros en medio del desierto de artistas.


Lo cuenta con pelos y señales Patxi Arrazabalaga 



*Con permiso del Fundi

TORO


jueves, 19 de enero de 2012