Peña Taurina Tendido 10

martes, 22 de febrero de 2011

MIGUEL CRIADO BARRAGAN "POTRA"


Gracias a nuestros amigos de Surco Taurino, Peña siempre tan cercana y colaboradora con su sapiencia taurina. Por ello aquí un comengtario sobre este gran hombre del mundo del toro que decía las verdades a muchos en su cara.

Encontre esta pequeña reseña por la web que amigos taurinos conocedores pueden completar con anecdotas que uds. concoscan. Además en la siguiente página varios árticulos del maestro.

http://portaltaurino.com/noticias/el_potra.htm




Una parte de la historia del toreo se va con Miguel Criado El Potra, fallecido en Sevilla a los 86 años.

Miguel Criado Barragán, conocido en el toreo con el sobrenombre de El Potra, nació el 17 de junio de 1917 en Almonte (Huelva), siendo sus padrinos de pila el mismísimo matador de toros Juan Belmonte y Consuelo Campoy. El propio Belmonte fue uno de sus protectores y, con apenas 16 años, lo colocó en la empresa de la plaza de toros de la Real Maestranza de Sevilla como ayudante de Manolo Belmonte, por entonces gerente del coso. Junto a él aprendió el oficio del campo, la difícil tarea de veedor (persona que selecciona el ganado que luego se lidiará).

Profesional respetado y admirado en el planeta de los toros. Ya antes de 1936 había embarcado decenas de corridas en Miura y en 1959 era, por su competencia, un hombre de confianza para las principales plazas. Muchos le han señalado como la persona que mejor sabe ver los toros en el campo. Los miembros de la comisión taurina pamplonesa, a cuyos intereses ha dedicado buena parte de sus últimas actividades profesionales, coincidían en que en él tenían a un representante activo y eficaz. Su agenda , se ha escrito, puede ser uno de los tesoros más codiciados del mundo de los toros, porque conoce las ganaderías y sus camadas desde el herraje.
Ha sido también veedor de Manuel Rodríguez «Manolete», Manolo Vázquez, Paco Ojeda, Espartaco, además de haber apoderado, entre otros, a Antonio Gallardo, Chicuelo hijo y El Marcelino. Hombre querido y admirado por todos los componentes del mundo del toro, es una de las páginas más importantes de la Fiesta a lo largo de todo el siglo XX. Considerado como uno de los últimos románticos del toreo, Miguel Criado Barragán supo granjearse el respeto de los profesionales. Maestro de maestros en el campo y en las plazas de toros, su sapiencia y conocimientos del toro y de la Fiesta los supo transmitir a generaciones enteras.




La amistad de Juan Belmonte con Álvaro Domecq y Díez, fomentada por la afición que ambos compartían por el acoso y derribo, llevó al matador a recomendar a Miguel Criado como mozo de espadas y administrador del incipiente rejoneador. Desde entonces se fraguó una amistad fraternal entre don Álvaro y El Potra, que mantuvieron hasta la muerte de éste. Prueba de ello es que, pese su deteriorado estado físico, Álvaro Domecq estuvo el martes en la UCI viendo a su migo, con quien compartió una vida dentro y fuera de los ruedos, ya que incluso fue padrino de su boda y bautizó a los sus dos hijos, Miguel -actualmente veterinario de la Maestranza- y Tere Criado Garrido.

En un viaje a México conoció a Manolete, con quien también entabló amistad y cuyo apoderado, José Flores Camará, fue otro hombre clave en su trayecoria profesional al encomendarle en los primeros años de la década de los 50 la tarea de embarcar para empresas tan importantes como las de Madrid, Pamplona o Dax. También hizo sus pinitos como apoderado con los diestros Antonio Gallardo, Rafael Chicuelo y Marcelino, aunque su pasión era el campo como prueba que, a sus 86 años, siguiera viendo corridas para Pamplona, Madrid, Dax, El Puerto y Huesca.

El Potra era un personaje tan popular que igual se codeaba con políticos, artistas o taurinos de mayor o menor talla. A todos les hablaba igual, con su desparpajo y una simpática insolencia que todos le aguantaban de buen agrado.

Fue el adiós de la gente del campo, los que más de cerca trataron a Miguel Criado El Potra, dedicado durante décadas a la difícil tarea de ver y seleccionar toros en las fincas de bravo. La lista de ganaderos se hace interminable, empezando por su inseparable amigo Álvaro Domecq y Díez, que le acompañó hasta el último momento en su silla de ruedas, flanqueado por su hijo Alvaro Domecq Romero y sus sobrinos, los rejoneadores Luis y Antonio Domecq. Estuvieron también Luis Algarra, Eduardo y Antonio Miura, Fernando Cuadri, Joaquín Núñez del Cuvillo y su hijo Álvaro, Borja Domecq, Fernando Domecq Solís, Luis Valdenebro, los hermanos Jaime, Javier, Alfonso y Luis Guardiola, José Murube, Fernando Domecq López de Carrizosa, Jerónimo y Luis Astolfi, José Benítez Cubero, Jaime de Pablo Romero, Tomás Prieto de la Cal, Martín Berrocal, Cebada Gago, Manuel y Antonio Tornay, Silvia Camacho, Leopoldo de la Maza y su madre Victoria Ybarra, el marqués de Albaserrada, Manuel Ángel Millares, Antonio Gavira y Gabriel Rojas, entre otros, y muchos de ellos acompañados por mayorales, como Cárdenas, de Juan Pedro Domecq, Reyes, de Jandilla o Fuentes de Manolo González.

Tampoco le fue a la zaga la representación de matadores de toros, habida cuenta de que la fecha, en pleno mes de agosto, es de mucha actividad y la mayoría está toreando. No faltaron los sevillanos Pepe Luis Vázquez, padre e hijo, Rafael Chicuelo, Julio Pérez Vito, Manolo Carmona, Emilio Muñoz, Espartaco Chico, Joaquín Díaz y Tomás Campuzano, los gaditanos Marismeño, Currillo y Pepe Limeño. De Despeñaperros para arriba llegaron, entre otros, Pablo Lozano, Pedro Gutiérrez Niño de la Capea y Pedrito de Portugal. Curro Romero, Rivera Ordóñez y Espartaco expresaron sus condolencias a la familia por teléfono, Ortega Cano y Dávila Miura se acercaron al tanatorio el miércoles y los Chopera enviaron una corona.

La familia del toro que se reunió en torno a la figura de El Potra, tanto en el tanatorio de la SE 30, donde el padre Leonardo Castillo ofició la misa, como en el cementerio de San Fernando, se completa con nombres como los de Fermín Bohórquez Domecq, Susoni, Juan de Triana, Andrés Luque Gago, Manolón, Santi Ellauri, Juan de Triana, los gerentes de la empresa Pagés Eduardo Canorea y Ramón Valencia,así como muchos empleados de la casa como José Bermejo y Eugenio Gil. Tampoco faltaron Manolo Luque, César Girón, Víctor Ruiz Román, José Rodríguez El Pío, Antonio Donaire, Miguelete, Rabioso, Alfonso Ordóñez, Luis Arenas, Manolo Vázquez Gago, Fermín Vioque, Teresa y José Miguel Ojeda, Guerrero, así como numerosos miembros de los equipos gubernativos de la plaza de Sevilla y veterinaros compañeros del hijo del fallecido.

El Potra era un personaje tan popular que igual se codeaba con políticos, artistas o taurinos de mayor o menor talla. A todos les hablaba igual, con su desparpajo y una simpática insolencia que todos le aguantaban de buen agrado. De ahí que ayer, en su entierro, estuviera representada la Junta de Andalucía en la persona del consejero José AntonioViera; la Real Maestranza de Caballería en la figura de su teniente de Hermano Mayor, Manuel Roca de Togores, y hasta la CasadeMisericordia, de Pamplona, para la que tantos años trabajo, con su director Ignacio Cía.

Fue el adiós de la gente del campo, los que más de cerca trataron a Miguel Criado El Potra, dedicado durante décadas a la difícil tarea de ver y seleccionar toros en las fincas de bravo. La lista de ganaderos se hace interminable, empezando por su inseparable amigo Álvaro Domecq y Díez, que le acompañó hasta el último momento en su silla de ruedas, flanqueado por su hijo Alvaro Domecq Romero y sus sobrinos, los rejoneadores Luis y Antonio Domecq. Estuvieron también Luis Algarra, Eduardo y Antonio Miura, Fernando Cuadri, Joaquín Núñez del Cuvillo y su hijo Álvaro, Borja Domecq, Fernando Domecq Solís, Luis Valdenebro, los hermanos Jaime, Javier, Alfonso y Luis Guardiola, José Murube, Fernando Domecq López de Carrizosa, Jerónimo y Luis Astolfi, José Benítez Cubero, Jaime de Pablo Romero, Tomás Prieto de la Cal, Martín Berrocal, Cebada Gago, Manuel y Antonio Tornay, Silvia Camacho, Leopoldo de la Maza y su madre Victoria Ybarra, el marqués de Albaserrada, Manuel Ángel Millares, Antonio Gavira y Gabriel Rojas, entre otros, y muchos de ellos acompañados por mayorales, como Cárdenas, de Juan Pedro Domecq, Reyes, de Jandilla o Fuentes de Manolo González.

Tampoco le fue a la zaga la representación de matadores de toros, habida cuenta de que la fecha, en pleno mes de agosto, es de mucha actividad y la mayoría está toreando. No faltaron los sevillanos Pepe Luis Vázquez, padre e hijo, Rafael Chicuelo, Julio Pérez Vito, Manolo Carmona, Emilio Muñoz, Espartaco Chico, Joaquín Díaz y Tomás Campuzano, los gaditanos Marismeño, Currillo y Pepe Limeño. De Despeñaperros para arriba llegaron, entre otros, Pablo Lozano, Pedro Gutiérrez Niño de la Capea y Pedrito de Portugal. Curro Romero, Rivera Ordóñez y Espartaco expresaron sus condolencias a la familia por teléfono, Ortega Cano y Dávila Miura se acercaron al tanatorio el miércoles y los Chopera enviaron una corona.

La familia del toro que se reunió en torno a la figura de El Potra, tanto en el tanatorio de la SE 30, donde el padre Leonardo Castillo ofició la misa, como en el cementerio de San Fernando, se completa con nombres como los de Fermín Bohórquez Domecq, Susoni, Juan de Triana, Andrés Luque Gago, Manolón, Santi Ellauri, Juan de Triana, los gerentes de la empresa Pagés Eduardo Canorea y Ramón Valencia,así como muchos empleados de la casa como José Bermejo y Eugenio Gil. Tampoco faltaron Manolo Luque, César Girón, Víctor Ruiz Román, José Rodríguez El Pío, Antonio Donaire, Miguelete, Rabioso, Alfonso Ordóñez, Luis Arenas, Manolo Vázquez Gago, Fermín Vioque, Teresa y José Miguel Ojeda, Guerrero, así como numerosos miembros de los equipos gubernativos de la plaza de Sevilla y veterinaros compañeros del hijo del fallecido.

El Potra era un personaje tan popular que igual se codeaba con políticos, artistas o taurinos de mayor o menor talla. A todos les hablaba igual, con su desparpajo y una simpática insolencia que todos le aguantaban de buen agrado.

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